
Pues bien, la identificación por radiofrecuencia hace ya años que está en boca de todos, por sus capacidades, pero es ahora cuando parece que empieza a llevarse a cabo y a desenvolverse con mayor ímpetu. Esto es debido, en parte, al abaratamiento de costes de las instalaciones que esta tecnología requiere, pues una etiqueta RFID por sí sola no sirve para nada. Sin antenas lectoras, receptoras e incluso codificadoras, así como sin un sistema integrado de software que interprete la información que recoge y luego nos aporta, de poco nos sirve esta tecnología.
La inversión necesaria inicialmente para instalar este sistema era muy caro, aunque si pensamos en lo que podemos conseguir con él y los costes de mano de obra, tiempo y esfuerzo que podemos ahorrarnos seguramente a corto y medio plazo salga a cuenta.

Estos son solo algunos ejemplos de cómo el RFID ya está prácticamente instalado en nuestro día a día. Aunque este tipo de chips no son los RFID más comunes y usados. Los más habituales serían los UHF de larga distancia utilizados mucho en el retail (industria textil sobre todo en tiendas), en controles de trazabilidad, inventarios, logística, etc.
Con este sistema, con las antenas correctamente instaladas en puntos estratégicos de un almacén o de una tienda de ropa, se puede recoger tanta información como queramos sobre la materia prima que nos queda en almacén o la que acaba de llegar. E incluso inventariar lo que hay en tienda o en la trastienda al instante, sin casi esfuerzo y sin perder mucho tiempo. Todo ello sin la tan complicada lectura manual pieza por pieza, artículo por artículo o palé por palé.
El RFID no sustituye al código de barras, pero sí lo complementa. De hecho, uno nace del otro, pero con distintas características. Así, el RFID es activo, pues él mismo se da valor al recoger información, sin embargo el código de barras es pasivo, pues somos nosotros los que le aportamos información.
Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/RFID, Avery Dennison, Smartrac, KYUBI SYSTEMS.


