
Es por todo ello que el aspecto impecable de un packaging, y por tanto de su etiqueta perfectamente adherida a la superficie sobre la que se aplica, es vital. De ahí que nos encontremos en este punto con el gran reto de etiquetar bien cualquier producto.
Saber perfectamente cómo queremos que sea la etiqueta, su aplicación real, las condiciones exactas por las que pasará, es un buen comienzo. También lo es elegir bien el papel, la forma que tendrá y los acabados que llevará. Y con toda esa información será más fácil asegurar que lo que deseamos conseguir es factible.
Ayuda, y mucho, que impresor, diseñador y cliente trabajemos siempre conjuntamente en cada proyecto para conseguir que tanto la etiqueta, como su etiquetado, sean un rotundo éxito.
Algunos factores que puede complicar el etiquetado
Es necesario saber que materiales muy gruesos no son aconsejables para aplicar en superficies circulares con diámetros muy pequeños, tipo cuellos de botella o botes de recogida de muestras. Así mismo, debemos recordar que etiquetar sobre superficies con humedad o sustancias antiadherentes pone en serio riesgo la aplicación, resistencia y durabilidad de una etiqueta.
Lo mismo puede suceder cuando aplicamos etiquetas sobre botellas de aceite o productos con grasas. En estos casos, además, los papeles con tratamiento Greaseproof o los fílmicos ayudarán mucho a protegerse de las indeseables manchas de aceite sobre la etiqueta.
Como recordatorio, debemos indicar que el etiquetaje manual requiere de una aplicación con la suficiente presión sobre la etiqueta. Por su parte, el etiquetado automático necesita del reajuste constante de la máquina con cada cambio de condiciones tanto de la etiqueta como del propio producto.

Fuente: Coreti y Avery Dennison

